Influenza en México: La comunidad científica nacional al margen. ¿Mejoraremos?

Un país cuya prioridad no es la ciencia. Un sistema de investigadores con una misión poco clara y sin comunicación o coordinación. Una epidemia de origen desconocido.

Haber salido bien librados de semejante eventualidad es realmente un suceso…

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En el número de Junio de la revista NEXOS, la Dra Fátima Fernández Christlieb, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, escribe un interesante artículo intitulado: Influenza: La comunidad científica al margen.

La Dra. Fernández hace algunas reflexiones sobre el reciente brote de Influenza A(H1N1) y sus repercusiones, así como el papel de los miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

La autora comenta a mi parecer, dos puntos fundamentales; el primero, el escaso (casi nulo papel) de los investigadores mexicanos durante la crisis.

El nuevo virus de la influenza echó luz sobre una larga lista de carencias, entre ellas la falta de coordinación al interior de la comunidad científica y la ausencia de vínculos entre ésta y quienes toman decisiones que afectan al país.

Un diagnóstico demoledor, a mi parecer por los siguiente motivos:

a) Los científicos que forman la crema y nata de la investigación en México sin la capacidad de comunicarse entre ellos mismos; sin conocerse y por supuesto, sin la capacidad de coordinarse para dar un resultado conjunto a un problema (emergencia de salud).

b) Un gobierno (al cual reportan) que o no los conoce, no sabe a qué se dedican o sencillamente considera que sus capacidades no son las requeridas para solucionar el problema.

El segundo punto, aunque es distinto, no es menos importante; la falta de capacitación o compromiso en la habilidad de comunicar.

Investigadores

© NEXOS

La Dra. Fernández nos narra como es que cuando los medios buscaron a los científicos adecuados para explicar lo que sucedía o cómo se solucionaría, sencillamente se toparon con una poco amigable lista de científicos que no les llevó a nada… (ver abajo).

No es que se buscara un Carl Sagan, David Suzuki una Olivia Judson; sencillamente el SNI cuenta con más de 14 mil miembros de los cuales la sociedad (que paga sus salarios) poco sabe sobre quiénes son o lo que hacen.

Una vez qe se hubo encontrado a algunos probables conocedores del tema, la poca capacidad para hacer frente a cámaras de televisión o entrevistas por reporteros fue manifiesta.

Al final del día, me parece, poco se obtuvo de manera directa de nuestro SNI durante el brote; y la percepción general (incluyendo la de los medios) es que las autoridades sanitarias se acercaron más a los científicos extranjeros que a los mexicanos.

Lea el artículo completo de la Dra. Fernández Christlieb haciendo clic AQUÍ.

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¿Es éste el nivel de nuestra ciencia?

El SNI es un sistema que fue diseñado para responder, salarialmente y en lo individual, a una crisis económica, la de 1982, y no para arrojar luz en la solución de problemas colectivos.

Dra Fátima Fernández Christlieb

No vamos a discutir el nivel de los científicos mexicanos, ni la calidad de sus artículos publicados; tampoco nos cuestionaremos el porcentaje de resultados de sendas investigaciones que logran realmente  tener cabida en una aplicación práctica en algún área o bien,  en la productividad de nuestra industria.

Nos referiremos a cosas más simples y de primera vista.

logoconacytAl buscar información de primera mano sobre el SNI, el primer -y más lógico- lugar para una búsqueda es su página web alojada en el sitio del CONACYT.

Una muy lamentable muestra de como es que la institución que reúne a los científicos más destacados del país, no es capaz de contar con sitio que le haga justicia.

El sitio web del SNI es básico. Terriblemente árido, construido “hacia dentro” y con cero interactividad con el usuario. Una vez más estamos hablando de la crema y nata de nuestra ciencia… incapaz de contar con un sitio web a nivel del siglo XXI.

En éste, es prácticamente imposible obtener información relevante sobre nuestros investigadores.

Nos gustaría mucho poder saber, además de quiénes son: En dónde trabajan (no donde cobran), sus áreas de especialidad, qué trabajos han publicado y en qué revistas, cuando y cuantas citaciones tienen. De paso, nos gustaría mucho saber cuál es el salario y bonos que tienen asignados, ya que es información pública de un gasto que se paga con nuestros impuestos.

Esperaríamos encontrar un avanzado sistema de búsqueda que nos hiciera encontrar de forma expedita toda la información arriba citada.

En su lugar, el sitio nos ofrece un archivo en formato PDF, con más de 1051 páginas sin ningún orden (!¡).

Independientemente de que no existe un sistema automatizado de búsqueda, la información en ese documento carece de cualquier tipo de esfuerzo para su clasificación. Es solamente una colección de nombres (¿~14,000?), instituciones y áreas de adscripción (salarial) y correos electrónicos. Punto.

Puede consultar el documento en PDF AQUÍ. (Precaución para download, son más de 1000 páginas)

El resto del sitio es similar. Una colección enorme de textos unidireccionales y documentos en PDF.

¿Es este el nivel de desarrollo tecnológico con el que cuenta CONACYT? Que no nos extrañe entonces la poca participación de sus integrantes durante a la alerta epidemiológica.

El segundo postulado de la Dra. Fernández hace entonces mucho sentido. El SNI no sabe comunicar siquiera, quién es quién o quién hace qué en su organización. De la misma forma, no conocemos el expertise de los investigadores o quién es un vocero potencial de la ciencia.

No tenemos alguna evidencia de que se cuente con un sistema en el cual nuestros científicos conozcan los trabajos, experimentos, estudios o resultados de sus colegas; mucho menos que se comuniquen de manera constante o trabajen de forma interdisciplinaria.

Esta última afirmación puede ser muy cuestionada por los mismos actores, sin embargo, la evidencia descrita en el trabajo de la Dra. Fernández es clara: Falta coordinación.

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¿A dónde vamos?

Honestamente no lo sabemos… ya que no podemos hoy, con la información disponible, saber a en donde estamos.

Seguramente que existen investigadores y grupos de científicos que ene este momento me pueden debatir y mostrarme mucha información de lo que hacen; el problema es que sólo la saben ellos y su círculo (donde se mueven, viven, publican y cobran); no lo sabe la población ni aparentemente el mismo gobierno.

El SNI incluye “en la práctica” (en la vida real) dos clases de científicos:

a) Los grandes profesores/investigadores, cuya subsistencia proviene de la combinación de uno o dos salarios institucionales o académicos más un ingresos por su trabajo privado (consulta médica, asesorías industriales etc…). Son los menos. Curiosmente su nivel de vida como miembros del SNI es el más alto.

b) Los Doctores (investigadores con Doctorado) que dedican el 100% de su tiempo a una institución científica o universidad. Trabajan en Centros de Investigación y laboratorios de sol a sol y publican sus resultados. Cuando las publicaciones son en  revistas internacionales reconocidas, su puntaje aumenta al igual que su salario.

Esta segunda categoría es sin embargo la más desprotegida. Sus salarios no son siquiera el 30 o 40% de sus contrapartes en EEUU o Europa. Como compensación, a algunos de ellos se les otorga una vivienda, únicamente por el tiempo que se mantienen productivos en el SNI.

Ellos representan a la mayoría de nuestros científicos.

Con estas condiciones, a finales de los 80s se inició un “agresivo” programa de “repatriación de talentos” el cual incluía entre sus “beneficios”, una plaza de trabajo con un salario menor al que recibían en el país de trabajo actual; el pago de la mudanza a México y amnistía fiscal por la importación de su menaje de casa.

Tan patético como esto puede sonar, se pensó que los científicos mexicanos en el extranjero regresarían en masas listos para comenzar en sus nuevas asignaciones.

En aquella época me preguntaba por qué  un científico que gana 70, 90 o más de 100 mil dólares al año, con el mejor apoyo tecnológico y con el acceso a las publicaciones científicas más importantes, querría regresar.

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Si debiéramos aprender una sola lección de lo descrito por la Dra. Fernández en su artículo, me parece que es que bajo las condiciones actuales, la próxima vez que se nos presente una eventualidad similar o desconocida, nuestros investigadores seguirán pasando -lamentablemente- inadvertidos ante los ojos de las autoridades y de la opinión pública.

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One Response to Influenza en México: La comunidad científica nacional al margen. ¿Mejoraremos?

  1. Kuruni says:

    Cuando lo de la influenza a mi me llegaron correos y correos de FW de gente del cinvestav, y otras universidades dando opiniones y consejos (a mi me tocó en SLP). En base a eso te puedo decir que entre científicos si se conocen y se comunican el problema es que no los pelan.

    (a manera de extra ejemplo: yo leí una carta que le enviaron al gobierno muchos científicos del SNI del colegio de México e inclusive de Universidades extranjeras solicitando que no se diera permiso a empresas estadounidenses a poner plantios en espacios abiertos de maíz transgénico. LA CARTA DECÍA QUE DABAN SUS SERVICIOS GRATUITOS PARA QUE SI SE HACÍA SE EXIGIERAN LAS MEDIDAS DE RIESGO CORRESPONDIENTES. NADIE LOS PELÓ).

    Sobre el sitio de CONACYT mil de acuerdo, no está nada accessible… y los trámites son politizados y lentos.

    Me gustó tu artículo en general, nada más que las palabras en negritas de pronto me marean. Y tienes razón… las oportunidades de hacer ciencia en México son muy escasas. Yo no solicité beca CONACYT para estudiar mi doctorado porque no me conviene comprometerme a regresar.

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