“Que los metan en la cárcel”. Cuando opinar se vuelve fácil.

El conocimiento humano se ha ido acrecentando al paso de los siglos y con éste, la capacidad de comunicarnos.

Es realmente fascinante el observar como la humanidad ha pasado de un enorme período de oscurantismo, a una etapa de creación y distribución de conocimiento que ha tenido su andamiaje en tres factores principales:

  • El incremento de las tasas de alfabetización (donde aún queda mucho por hacer).
  • La diseminación de información a través de medios masivos no escritos como la TV o la radio.
  • El reciclaje de éste mismo conocimiento, producto de lo que podríamos llamar su “democratización”.

Un interesante mélange de éstos tres, ha hecho que la gente común se forme opiniones básicas sobre muchos temas; desde política y astronomía hasta psicología y economía. Uno de los temas más socorridos en la opinión de aquellos quienes tienen ya “suficiente” conocimiento, es por supuesto: la medicina.

En una época de acceso irrestricto a la información (salvo el algunos países) la gente está expuesta a toda clase de datos y opiniones, desde las más doctas hasta las menos autorizadas que sin embargo, por venir de ciertos personajes se convierten en válidas, al carecer quien las toma, de mayor bagaje de datos. Y es de esta manera como hoy en día, la población con cierto nivel cultural es capaz de opinar sobre cáncer, enfermedades cardiovasculares, hormonas y la grandes favoritas de todos: dietas y nutrición.

Hace 40 años el Reader’s Digest se encargaba de diseminar este conocimiento entre la gente que tenía acceso a su revista. Hace 25 años, las revistas de conocimiento intermedio o de divulgación de la ciencia comenzaron a entregar un nivel más selecto y especializado de datos, a lectores con perfiles de mayor educación.

Actualmente programas de divulgación en organizaciones y medios como Discovery o la National Geographic Society hacen el conocimiento más accesible a la gente a través de la TV y el Internet.

La ventaja de todos estos medios, es que cuentan con un comité editorial y grupos de expertos que se preocupan por que la información contenida en sus opiniones sea fundamentada y verás; cosa que no se puede decir de otros “líderes de opinión”.

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¿Opinión ética-médica, o comentario “del corazón”?

Foto: EFE (en ABPress.net)

Rosa Montero es una de las escritoras españolas contemporáneas más reconocidas y premiadas.

Autora de exitosas novelas como “La hija del caníbal” o “Temblor”, se ha convertido en un valuarte importante de la narrativa ibérica de finales del siglo pasado y principios de este.

Montero, es una autora respetada, que ha escrito además de cuentos infantiles, numerosos ensayos así como sus continuas contribuciones en El País, que son leídos por millones de personas de habla hispana. Montero, como muchos otros escritores es una Líder de Opinión. Es precisamente este liderazgo el que debe de venir acompañado de un nivel básico de responsabilidad en lo que se dice y cómo se dice.

El día de hoy, Rosa Montero publica en El País Semanal, un artículo intitulado: “Que los metan en la cárcel”, donde fundamentalmente hace referencia a las condiciones que rodearon la muerte (y vida) de Michael Jackson. En este apunte, Montero no sólo cuestiona las condiciones en la que el cantante Estadounidense pudo haberse hecho de fármacos que lo llevaron a su muerte, sino que critica acremente a los cirujanos plásticos a los que Jackson hubiera recurrido en su peculiar estilo de vida.

Para ella, no es solamente el responsable de administrarle un potente anestésico a quien se debería perseguir, sino a todos los médicos que contribuyeron a convertirlo en una “piltrafa orgánica” (sic).

La autora no solamente hace patente su descontento con un grupo de médicos que a sus juicio obran fuera de toda ética al “seguir la corriente a alguien obviamente tan enfermo que ha perdido la conciencia de la realidad y de su propio aspecto”, sino que los sentencia.

Lo que Montero no menciona, es qué fuentes ha consultado para emitir estas opiniones o qué conocimiento posee ella sobre cirugía plástica o estética; o cómo es que puede saber o entender los sentimientos íntimos de un o una paciente que busca someterse a estos recursos. Ni siquiera nos comenta como es que ella sabe, lo que Michael Jackson hubiera sentido o pensado respecto a sí mismo, o a su imagen.

La escritora se aventura a decir, en la misma nota, que las múltiples cirugías efectuadas a Frida Kahlo (!¡) pertenecen a este tipo de práctica. Montero pasa por alto que Kahlo recibió gran parte de sus tratamientos ortopédicos en la 1ª mitad del siglo XX, en condiciones en las que el dolor crónico era un misterio más grande que hoy en día, en que es de por sí, una entidad de muy difícil tratamiento.

El título del artículo es por demás demoledor: “Que los metan en la cárcel”. Lo que no nos explica, es bajo qué bases.

El probar que se ha obrado de mala fe al realizar procedimientos médicos o quirúrgicos es complicado. El probar que estos eran innecesarios no es más fácil. Sin embargo, la frase suena catchy ¿no?

El problema surge cuando una renombrada escritora da una opinión y emite una sentencia, que bien podría haber sido dicha por alguna de mis [adorables pero poco informadas] tías-abuelas.

Lea el artículo completo de Rosa Montero en El País Semanal haciendo clic AQUÍ.

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España es quizá líder mundial en noticias, programas y revistas “del corazón”.

Se estima que el mercado de este tipo de información es uno de los de mayor crecimiento y en el mundo de habla hispana, sobrepasa (en rentabilidad, que no en facturación) al de la información deportiva.

Semana a semana, millones de españoles se “nutren” de los chismes (cotilleo) de los artistas internacionales, del Jet Set mundial, de la Realeza española y del mundo del deporte (y los toros…).

Son innumerables las opiniones que se vierten sobre divorcios, escándalos, paternidades, fortunas que van y vienen y por supuesto: Cirugía Estética.

Súbitamente, decisiones jurídicas sobre pensión alimenticia o custodia de infantes, herencias, psicología de alguna personalidad con anorexia, adicción y tratamientos médicos; son analizados y opinados por personalidades expertas… en noticias del corazón.

El enorme problema evidentemente, es que estas opiniones se convierten en esa información altamente accesible de la que hablábamos arriba y es reciclada por la opinión pública quien la hace válida. Así, términos como “heredar en vida”, “patria potestad” (confundida como custodia), “choque químico” (una dieta) y muchos más, se manejan al antojo de quien los emite y son digeridos de forma distinta por quien los escucha.

En este tenor, Rosa Montero se convierte en emblemática al decir como punto fnal de su nota que …Por favor, de entrada, y a modo de castigo ejemplar, que a los cirujanos plásticos de Jackson y de la duquesa de Alba los metan en la cárcel”.

La autora recurre así, a uno de los iconos favoritos de la prensa del corazón en España: La siempre polémica Duquesa de Alba, quien ahora resulta que debe ser valorada (o sus cirujanos) de la misma forma que Michael Jackson… y Frida Kahlo.

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¿Qué les hace pensar que son expertos… en todo? (… o “cada quién su rollo”)

Enrique Krauze es uno de los historiadores más respetables de México (y Latinoamérica). Como investigador y hombre de letras, se ha dado a la tarea de analizar los fenómenos políticos y de gobierno de México y otros países de la región.

Su background le permite valorar y emitir juicios sobre política, economía, prosa y hasta poesía.

En cierta medida, Krauze es un líder de opinión; sin embargo no lo recuerdo emitiendo una opinión sobre Cirugía Estética o ética médica.

Bullwinkle Mr KnowitallTampoco recuerdo que Carlos Fuentes, Monsiváis, o el controvertido Gabo lo hicieran. Mi ignorancia me hace asumir que Corín Tellado no lo hizo y quiero pensar que ni Ángeles Mastreta ni Laura Esquivel opinarán alguna vez sobre astrofísica, bioquímica o … los temas arriba mencionados.

De todos ellos hay mucho que leer. Fueron y son expertos en su campo. Podrían fácilmente, con sus plumas, escribir ensayos y novelas excelentes que narraran las vicisitudes de algún personaje viviendo la vida de Jackson o de alguno de sus médicos.

De allí a emitir un juicio visceral (y una sentencia) en uno de los medios más respetados de habla hispana como El País, hay una gran distancia.

Nadie cuestiona el prestigio y la obra de Rosa Montero. Lo que ha creado ha sido con su esfuerzo y lo que ha ganado ha sido con su talento. Es en ello mismo que estriba una enorme responsabilidad: la de dar información objetiva y difundir conocimiento certero.

Honestamente siento que un encabezado y un artículo como “Que los metan en la cárcel”, se leería mejor en Hola!

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One Response to “Que los metan en la cárcel”. Cuando opinar se vuelve fácil.

  1. Enrique Asensio says:

    Bueno, indudablemente todos los intelectuales, y especialmente los hispanos, que tienen hasta cierto punto la hegemonía de los medios en español (O castellano, como dicen los “otros” españoles: catalanes, vascos etc…), tienen una soberbia flagrante, hablando de delitos.
    El tener “la pluma por el mango”, la capacidad de escribir legiblemente y una cierta sensibilidad sobre las sociedades parece darles un poder que más allá del famoso “cuarto poder”, les confiere inmunidad, infalibilidad y presciencia. Entre (Rosa Montero y) “Las trampas de la información”, está el hecho de que estar informado parece conceder el conocimiento especializado que dan los años de estudio y los de experiencia, como bien menciona el Dr. Tello en su texto.
    Hablar de ciencia se ha vuelto moneda común porque la divulgación de la misma ha logrado popularizarla hasta cierto punto. Y ese es el punto peligroso.
    A mi en lo personal no me molesta que mis pacientes se informen en internet y me pregunten en la consulta, creo que es mi deber aclararles las dudas y “liberarlos” de sofismas, porque como bien dice Rosa Montero en su artículo, hay de médicos a médicos.
    Y yo en el fondo me quedaría con esa idea, que pese a haber sido expresada de forma sorprendentemente parcial o descontextualizada por una experta escritora y pensadora, creo que es central: La medicina se mercantiliza y entre unas cosas y otras, muchas veces los pillos se salen con la suya y lo que es peor, si no con el beneplácito o abierta complicidad de las autoridades sanitarias, si con su negligencia y descuido de su labor primordial.

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