Cuando el paciente no escucha ¿El médico está hablando bien?

Como seguramente ya es compartido por nuestros lectores, desde el pasado día 23 de noviembre participo en la revista electrónica La Muerte del Papel con una columna llamada “La Salud en Claro” que aparece todos los lunes.

En nuestra entrega del pasado 30 de noviembre “Cuando el médico dispone… y la comadre lo descompone”, tocamos un tema tan simple y cotidiano, que seguramente pasa (lamentablemente) inadvertido: lo sorprendentemente afectos que somos en México, para cuestionar, retar y contravenir las indicaciones del médico.

Algunas personas que lo leyeron, compartieron el sentido y mensaje del texto comentándonos incluso anécdotas -demasiado comunes para el anecdotario- y casos concretos de familiares y amigos que suelen opinar mucho o intervenir directamente en las indicaciones o tratamientos médicos.

Sin embargo, fue muy curioso leer algunos comentarios en Twitter en los cuales casi se justificaba esta costumbre. Todos ellos con un común denominador: la falta de empatía del médico con el paciente.

“Muchos médicos son arrogantes“, “… es que los médicos no saben escuchar“, “Hay de médicos a médicos”, “…ni siquiera te explican adecuadamente” y otros varios por el estilo. todos coincidiendo en que seguramente el médico es culpable de que se le ignore, debido a su falta de capacidad de comunicación.

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¿Un fenómeno solo “nuestro”?

Antes que nada, en un párrafo aclararé mi postura personal, para después adentrarme en el tema comentado en Twitter. Me seguirá pareciendo curioso como es que, particularmente en México, existe la tendencia de “desobedecer” al médico con el fin de proceder como la abuela, la comadre o cualquier otra tercera persona lo indique. Vaya, el observar como un paciente se queja de falta de velocidad en la atención médica en una institución pública o paga buen dinero en la medicina privada, con el fin de ser atendido por un doctor al cual voluntariamente ignorará; es digno de ser apuntado en el salón de la fama del surrealismo. ¿Por qué acudir a un médico para después simplemente alejarse de lo que éste indicó?

Dicho lo anterior, hablemos sobre la capacidad del médico para comunicarse.

Hace apenas 50 o 60 años, los médicos compartían un aura de divinidad que les era directamente implícita. La “autoridad del médico” provenía de años de duros estudios que contrastaban con el bajo nivel de escolaridad de la mayor parte de la población. La prototípica figura del aquel médico mexicano puede verse representada maravillosamente por el typecast de Augusto Benedico, sobre todo en “El Ángel Exterminador” (Luis Buñuel, 1962).

Además, los médicos tratan directamente con el dolor humano y “salvan vidas”, lo cual los pone en un plano distinto al resto de los profesionales.

Actualmente, el médico es visto de diversas formas según el modelo de salud. En el caso de los Estadounidenses, es un profesional muy preparado (12 o 14 años de estudios profesionales) que suele no vivir mal y al que se le paga (directa o indirectamente) por una muy buena atención esperada.

En Europa, los médicos (más cercanos a la población) son respetados como parte integral de un sistema de salud (o sistemas de salud) que mantiene el bienestar de todos.

En cualquiera de los casos, desde hace ya cerca de 20 años, ha surgido un cuestionamiento directo al buen juicio de algunos médicos y específicamente a su capacidad de comunicación y empatía con el paciente. El tema ha llegado a ser tan importante, que en las escuelas de Medicina de Estados Unidos ya se evalúa la forma en la que el médico se dirige al paciente, le escucha y se da a entender.

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El sistema no está libre de fallas. Conversando con una candidata a PhD en Salud Pública por la Universidad de Yale, me comentaba que los médicos deben de dedicar -según Yale- no menos de 15 a 25 minutos para la anamnesis (cuestionario o conversación que el médico debe sostener con el paciente antes de explorarle); sin embargo, al momento de emplearse, el sistema les obliga a atender completamente a un paciente en esos 15 minutos a razón de 4 o 5 pacientes por hora.

¿Resultado? Los médicos están comenzando a “perder el respeto” por parte de los pacientes. Existen ya sitios específicos en Internet para opinar sobre algún médico y calificarle, como lo escribimos AQUÍ.

Es bien sabido además, que el médico Estadounidense se ha convertido en el blanco favorito de las demandas por negligencia, en el entrampado sistema jurídico de los Estados Unidos. Muchas de estas demandas se podrían evitar, con una adecuada comunicación.

En México ya hace tiempo que los médicos tipo Augusto Benedico dejaron de existir.

La opinión de la gente se les divide en dos: El primero es sobre el médico “burócrata” que ejerce en las instituciones y sobre el cual hemos escuchado historias, la mayoría tristemente verídicas, sobre atención rápida y descuidada, falta de explicaciones al paciente sobre efectos secundarios, síntomas o pronóstico; o falta de interés en -solamente escuchar- lo que el paciente quiere decir.

El segundo, es el médico privado con el que -hay que decirlo- el paciente intenta llevarse bien e incluso entabla amistad, pero al que se le reclama el no ser puntual y hacernos esperar más de una hora en la sala. Si bien a estos médicos no se les reclama tanto por su falta de empatía o de comunicación, no están exentos de críticas por actitudes en algunos casos arrogantes en las que el paciente se siente ignorado o en el mejor de los casos tratado con condescendencia.

A este punto ¿qué es lo que busca el paciente en México al no acatar las indicaciones?

¿Qué lo hace tomar un camino distinto a sabiendas, en muchos casos, que está de por medio su salud o su vida? ¿Revancha?

Como comentamos en nuestra columna del lunes, no lo sabemos; pero lo que queda claro es que hoy por hoy hay mucho trabajo por hacer con respecto a la comunicación del médico hacia el paciente.

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Mejor comunicación, en la era de la comunicación.

Los médicos debemos entender que ya son otros tiempos. La era de la comunicación va muy por delante de todos nosotros y debemos habituarnos a que los pacientes cuestionen, se interesen y sean curiosos. Estos pacientes han sido y seguirán siendo muy lábiles a la información y consejos de terceros, a la publicidad de productos milagrosos o a las evangelizantes palabras de curanderos y expertos en salud que surjan por doquier.

Cada vez son más comunes los tratamientos crónicos para enfermedades que deben tratarse toda la vida como hipertensión y diabetes. Los tratamientos más modernos para enfermedades como la esclerosis múltiple o Alzheimer son caros y requieren de una disciplina en su manejo.

Si buscamos que los cuidados y terapias tengan el éxito esperado y que esto se refleje en la calidad de vida de los pacientes, los médicos deben comenzar a buscar mejores formas de comunicarse. De no hacerlo ellos, alguien más lo hará.

El paciente decidirá a quién escuchar.

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