¿Qué tan molestos somos como jefes?

La semana pasada, Jared Sandberg publicó en The Wall Street Journal un breve artículo intitulado: “Bosses Who Sweet the Small Stuff Risk Employee Angst, Low Morale”. (The Wall Street Journal, April 26th 2006).

En su entrega, Sandberg hace referencia a ejemplos de jefes para los cuales existen detalles pequeños que por los cuales nunca es satisfactorio el trabajo de un colaborador. Se pude presentar un Plan de Negocios por ventas millonarias, y el jefe en cuestión, solamente corregirá los fonts. En otro ejemplo, algún jefe revisa una y otra vez un documento para no estar nunca satisfecho con la redacción.

¿Suena conocido? Seguramente que todos hemos pasado por el “martirio” de tener un jefe así.

Por increíble que parezca, estos jefes no son [siempre] gente acomplejada o con deseos de hacerse notar, o denotar poder. Obviamente este tipo de criaturas existen; pero también es común que una persona con bastante preparación, carrera, resultados, honorabilidad, respetabilidad, etc., muestre estos rasgos.

Durante cerca de seis años reporté a una persona así. Hablamos de un hombre, postgraduado en una de las mejores escuelas de negocios de Europa. Con una formación multicultural y varios años de expatriación. Independientemente de cierta brecha cultural que algunos expatriados nunca superan (otros lo hacen de maravilla, aunque este tema lo abordaré en otra ocasión), el hombre en cuestión se las arreglaba para ser insoportable, cuando se lo proponía.

Estando yo alguna vez de viaje, en trayecto, en uno de esos viajes de regreso de Sudamérica con dos transbordos, y que tan exasperantes pueden ser a la llegada al aeropuerto de la Ciudad de México; me comuniqué seis veces en un lapso de 14 horas con mi asistente, con el fin de dar seguimiento a un documento que en ese momento le era urgente a mi jefe.

¿Cambios importantes a unas cifras? Si, una vez.

El resto: Mi asistente modificó en más de 20 ocasiones el formato y tamaño de las celdas de Excel del documento mencionado. 14 horas de trabajo de una Asistente Directiva, la cual estuvo en estrecha relación con un Director General durante todo un día para corregir el tamaño de unas celdas de Excel.

En reuniones de Comité Ejecutivo, era bien sabido que el presentar con formatos o fonts. que él no distinguiera desde su silla podía encolerizarlo.

¿Es cuestión de Cultura? (con C mayúscula…)

¿Es cuestión de Educación?, diría mi mamá.

El caso es que considero que en todo hay algo positivo, y el vivir este tipo de jefes nos ayuda a tener, en un momento dado, una introspección sobre como somos.

 

El mejor diagnóstico: Cómo nos ven los demás.

Por naturaleza humana o por orgullo, tendemos a minimizar la percepción que el resto de la gente tiene de nosotros; sin embrago, es seguramente la mejor herramienta para darnos cuenta de cómo andan las cosas.

Preguntemos. El tener buena relación con nuestros colaboradores ayuda. Un buen momento es al hacer las evaluaciones de desempeño, en donde [mínimamente] debe existir una retroalimentación hacia ambos lados.

Platiquemos con “terceros”. Nuestros colegas, o pares tienen una muy buena visión externa de cómo nos comportemos y como responden nuestros colaboradores a nosotros. Es como ver una película. Si en este momento recordamos como se comportan nuestros colegas con sus subordinados, seguramente estoy dando a entender mi punto.

Aceptemos. “No hay peor sordo que el que no quiere oír…” dicen nuestras abuelas. Si la mayor parte de la gente está notando en nuestro comportamiento actitudes “especiales”, seguramente que estas son reales.

Debemos recordar que –como jefes- tenemos una obligación hacia nuestros colaboradores ayudándoles a desempeñarse lo mejor posible, con el mejor ambiente posible.

Mirar en casa. En un 99% de los casos es seguro que en casa nos estamos comportando igual. De hecho es bastante probable que en casa nos estemos comportando peor. Dado que en el hogar “no existen límites” como códigos laborales o reglamentos de trabajo, podemos llevar nuestras obsesiones al máximo.

Una vez leía a mi esposa los resultados de un estudio de personalidad que me practicaron. En alguna parte de mi inconsciente primitivo, esperaba yo que los hallazgos le fueran a ella una novedad; algo así como un descubrimiento de mi alter ego. No fue así. Estuvo de acuerdo en el 100% de los puntos de ese estudio.

La experiencia resultó –debo decirlo- divertida lo cual facilitó la plática, y me di cuenta de cuantas obsesiones, mañas y detalles tenía (o tengo) y que reflejaba en la oficina y la casa.

 

¿Cuáles pueden ser las consecuencias de ser así?

Debemos recordar que la gente trabaja y da mucho de sí misma con base en la motivación que recibe.

No es lo mismo compartir una Visión, o implantar una Cultura, que construir y labrar cada parte del comportamiento de nuestra gente. De hecho puede ser contraproducente.

Un colaborador que ha hecho su mejor esfuerzo de varias horas por entregar un análisis minucioso, cuidando que las inversiones se justifiquen con eventuales resultados, y nos ha demostrado un conocimiento del entorno, y los clientes; seguramente lo último que espera es que lo ataquemos por que la sintaxis de un párrafo no nos gusta, o los márgenes son mas chico de lo que esperamos.

La señal que enviamos es errónea: “La próxima vez, pon mas atención en la gramática y la impresora, que en el contenido mismo”

Saludos.

This entry was posted in Alta Dirección, Opinión and tagged , , , . Bookmark the permalink.

One Response to ¿Qué tan molestos somos como jefes?

  1. Eduardo PS says:

    No creo que los “jefes fastidiosos” sean así intencionalmente, de hecho creo que tienen buenas intenciones aunque muchas veces no sepan cómo canalizarlas adecuadamente.

    En mi caso particular te puedo comentar que he tenido tanto jefes a los que todo lo que hacía les parecía bien, lo cual me hacía parecer que no me prestaban atención, como algunos a los que nada les parecía bien hecho, aunque todo hubiese sido llevado a cabo tal como lo pidieron, en cuyo caso prefería esperar a que estuviera demasiado apurado para presentar lo solicitado, así no tendría tiempo de revisar nada y obtendría aprobación (caso actual).

    Ésta última situación puede ser, incluso, llevada a cabo de forma inconsciente, pienso que por el afán de tener siempre la última palabra aunque el cambio deje las cosas sin modificación alguna al final; o bien, podríamos tener el caso de un perfeccionista a quien solo las cosas hechas por él le parecen bien hechas.

    Mi manera de lidiar con ese “problema” (solo al principio lo consideré como tal) fue entablar una conversación previa con mi jefe, ajena al asunto del “trabajo” a presentar y al trabajo de la oficina mismo… eso despejaba un poco su mente y cuando le mostraba mi propuesta, su reacción era distinta a cuando solo llegaba a presentar el proyecto/trabajo para su aprobación.

    No quiere decir que fuese hipócrita al hablar con él, solo que aprovechaba el momento para desenfocarlo del trabajo y que cambiara su percepción tanto de mi como de lo presentado. De hecho en una ocasión le comenté que hacía eso y él lo tomó como algo muy bueno, incluso me agradeció el que lo hiciera pues con su obsesión por la perfección en el trabajo personal a veces perdía la objetividad al evaluar la labor de otros.

    A lo que esto me ha ayudado es a intentar, en lo más posible, hacer las cosas bien, de una sola vez y a intentar tener siempre una actitud negociadora y amable sin importar cuál sea la situación a enfrentar.

    De parte de “alguien así” lo único que se pediría es intentar ponerse en los zapatos del otro, el hecho de que un trabajo/anteproyecto/proyecto/etc… no esté hecho tal como nosotros lo haríamos, no quiere decir que esté mal hecho ni que el otro no se haya esforzado por hacerlo bien.

    Gracias por invitarme a comentar.

    Saludos

    Eduardo P.S.
    @eduardopolis

Leave a Reply