¿Cuáles son los factores que regulan el miedo?

 ¿Cuáles son los factores que regulan el miedo? El miedo es uno de los sentimientos naturales en el ser humano. El miedo puede hacernos tomar o no, decisiones importantes en nuestras vidas. ¿Cuáles son los factores que nos hacen más propensos al miedo en alguna circunstancia?.

En el comienzo de esta primavera, la Ciudad de México ha presentado unos niveles de de radiación UV que se encuentran en los límites superiores de lo permisible y que pueden ser potencialmente dañinos. Diversos estudios han demostrado que la exposición prologada a las radiaciones UV del sol puede desencadenar algunos tipos de cáncer en la piel.
Sin embargo, no se nota que la gente “común” le de una gran importancia; de hecho, se le nota más preocupada por el supuesto peligro de que algún tipo de radiación legue a México proveniente de la planta nuclear de Fukushima en Japón.
¿Qué es lo que nos hace tener diferentes percepciones sobre un riego o peligro? ¿Cuáles son los factores causales de diferentes niveles de miedo?

David Ropeik es un consultor y autor de varias publicaciones que ha estudiado el tema de la percepción del riego que existe en diferentes situaciones.
Recientemente, Ropeik escribió para Scientific American respecto al por qué tanta gente creyó la historia fraudulenta del Dr. Andrew Wakefield sobre que las vacunas causaban autismo. Ropeik es un destacado especialista en el campo de la percepción del riesgo (y el miedo) y ha publicado para la Escuela de Salud de Harvard una colección de 14 puntos que afectan directamente la percepción de riesgo que los seres humanos sentimos.

Los mencionamos y comentamos a continuación:

1.- Confianza vs. falta de confianza.
¿Qué tanto confiamos en quién (persona u organismo) nos pone al tanto de una amenaza?
¿Qué pasa si esta persona nos dice que puede protegernos?
Generalmente cuando se confía en esta persona, la amenaza nos parece menor. Sin embargo, cuando no se confía, las sospechas y el sentido de peligro son mayores.

2.- Lo impuesto vs. lo voluntario.
Cuando el nivel de riesgo proviene de algo que no hemos elegido, una situación puede parecernos más peligrosa. Ropeik nos da un ejemplo genial: Si el taxista con el que viajamos habla distraídamente por el celular sentimos miedo; pero cuando nosotros lo hacemos, no.

3.- Lo natural vs. lo hecho por el hombre.
Un excelente ejemplo ocurre en este momento. La Ciudad de México lleva más de una semana recibiendo niveles muy altos de radiación UV. La exposición al sol sin protección (ropa o bloqueador solar) puede llegar a producir cáncer de piel con cierta frecuencia epidemiológica. Sin embargo, la gente se expone sin protección.
Mientras tanto, a partir de los recientes eventos en Japón, existe un creciente (y renovado) temor por el uso de energía nuclear.
La gente en México percibe un riesgo mayor por el uso de energía nuclear que por la exposición a los rayos solares, no obstante el número de pacientes que padecen cáncer de piel sea miles de veces mayor a los que alguna vez padecerán algún tipo de cáncer debido a una planta nuclear.
Ya en un post anterior habíamos hablado del “Síndrome de Frankenstein” en el cual se teme de manera irracional a todo aquello que es creado por la ciencia o tiene un laboratorio de por medio.
Quizá el ejemplo más serio de a donde puede llevar un temor infundado en lo hecho por el hombre o más bien, una confianza infundada hacia lo “natural” lo vemos diariamente en la publicidad de los productos milagro. De alguna manera se ha logrado capitalizar supuesto el origen “100% natural” de algunos productos o medicamentos, haciéndoles pasara como inocuos cuando no es así.
En la naturaleza existen muchas sustancias tóxicas e incluso venenos que pueden afectar al organismo si no se dosifican administran o procesan de forma adecuada.

4.- Lo catastrófico vs. lo crónico: De algún modo el ser humano tiende a temer más de aquellos sucesos en donde se afectan (o mueren) muchas personas a la vez.
Las enfermedades cardiovasculares matan a cientos de miles de personas en el mundo diariamente; sin embargo estas muertes ocurren de una en una. Un accidente masivo, como el choque de un avión ocurre no más de una decena de veces al año pero como genera decenas o cientos de muertes a la vez, tendemos a temer más a chocar en un avión que a morir de un infarto en la calle.

5.- Lo espeluznante: Entre más horrible sea el resultado de algo, como ser comidos por un cocodrilo en Australia, más miedo tendremos. Los carcinógenos -dice Ropeik- encabeza en muchas personas su lista de miedos, debido a lo horrible que pueden ser sus consecuencias.

6.- Lo difícil de entender: Seguramente es natural o primitivo, pero entre menos entendemos un tema, más es el grado de riesgo que le atribuimos; tal es el caso -precisamente- de la energía nuclear o de algunos químicos industriales.

7.- La incertidumbre: Cuando un adelanto tecnológico o científico sale al mundo por primera vez, genera mucha desconfianza. Se perciben y se le achacan riesgos en algunos casos inexistentes hasta que el tiempo o exhaustivas pruebas científicas logran probar su seguridad.
Quienes tuvimos acceso a un televisor en la década de los 60s del siglo pasado, recordamos como existí una “zona de seguridad” de más de metro y medio lejos de las “radiaciones de la TV”.
Durante los años 70s, el uso masivo de los hornos de microondas llegó a levantar cejas en muchos sitios al sospechar que los alimentos allí preparados podrían “producir leucemia”.
El tiempo probó la inocuidad de ambos aparatos.
Hoy en día, aún se cuestiona la seguridad de las radicaciones electromagnéticas provenientes de los teléfonos celulares, los endulcorantes y hasta las prótesis mamarias.

8.- Lo familiar vs. nuevo: La familiaridad que tenemos hacia un riesgo o un peligro nos hace sentir menos miedo hacia este. Así, en México vivimos diariamente comiendo en puestos callejeros o tomando agua que no siempre es purificada.
Si un viajero de los EEUU o Europa llega a México, toma muchas precauciones al punto de lavarse los dientes sólo con agua embotellada.
El riesgo es el mismo (con la salvedad tal vez, de una inmunidad a ciertos patógenos… poco clara por cierto), pero para nosotros el miedo es menor al estar ya familiarizados con ello.

9.- Percepción: Un riesgo que ha sido mencionado repetidamente y del que la gente ya sabe, tiende a causar más miedo que uno del que no se sabe.
La mayor parte de la gente ha escuchado sobre la creciente criminalidad en algunas carreteras de México. Esto ha hecho que no se viaje por ellas de noche o que se viaje en caravanas y en ocasiones buscando escolta de la Policía.
Poca gente está enterada sobre el dengue o el paludismo (las campañas de información apenas han mejorado) y que su vehículo transmisor son los mosquitos. Las personas afectadas por estas enfermedades son miles alrededor del mundo y con una mortalidad considerable; sin embargo, las precauciones que la población toma, siguen siendo pocas.

10.- Una víctima conocida: Tendemos a percibir un mayor peligro y un mayor miedo cuando algún allegado a nosotros ha sufrido un asalto o ha perdido un familiar por alguna enfermedad.
Aunque el riego matemático no es mayor, el hecho de que lo “vivamos de cerca” nos hace incrementar nuestro miedo y precauciones.

11.- Las generaciones futuras: Tendemos a proteger -de forma natural- a nuestros hijos; por ello, dice Ropeik, el que exista asbesto o plomo en las escuelas nos parece más peligroso que el que exista en nuestras oficinas.

12.- ¿Me afecta directamente?: Un miedo es mayor cuando personalizamos un riesgo a nuestra persona. Tal vez no temamos a los efectos cancerígenos de un pesticida en los alimentos para toda la gente, pero lo que seguramente temeremos es que seamos nosotros, nuestra persona, la que desarrolle cáncer.

13.-Riesgo vs. beneficio: Se tiende a temer menos de algo potencialmente peligroso, cuando sus beneficios percibidos o probados lo superan.
Un trasplante de corazón es peligroso. Al momento de retirar el corazón del paciente enfermo ya no hay marcha atrás; sin embrago los beneficios del nuevo órgano implantado son mayores.
El esquiar en alta montaña o saltar en bungee pueden ser peligrosos, pero el placer que sienten quienes lo practican claramente supera los riesgos.

14.-El control vs. no control: Puede ser irracional, pero el sentir que tenemos el control de una situación hace que nuestro miedo sea menor.
Es por ello que nos sentimos más tranquilos si somos nosotros quienes manejamos un coche… y no quien viene al lado. Esta “familiaridad” con el control hace que la gente conduzca una bicicleta sin casco o suba de forma insegura a una escalera a cambiar una lámpara.
Lo mismo ocurre en los proyectos. Cuando somos nosotros quienes dirigimos un proyecto, tenemos menos confianza de que este falle, es decir… menos miedo.

 

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