Adiós a las Polaroid.

La última vez que usé una cámara Polaroid fue en octubre del 2001 en Cannes, Francia.

Se trataba de una Polaroid Joy-Cam® que utilizaba un formato 500 para impresiones “de bolsillo”. Era un regalo corporativo.

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Cannes. Vista desde el Hotel Martínez. ©Xavier Tello

Las fotos (ninguna obra de arte), eran en ese momento una suerte de “divertimento”, más que un ejercicio fotográfico serio. Sabía bien que la calidad de la óptica y el tamaño del formato, no me darían para mucho. Sin embargo, aunque había utilizado cámaras Polaroid antes, siempre existe un particular encanto al momento de usar una. 

Mis primeros recuerdos de la Polaroid y los únicos de mi padre utilizando una cámara fotográfica, son de su vieja “Land Camera 300″

Mi mamá tuvo una Brownie Fiesta. Nada espectacular sucedía con ella. La Polaroid… era magia.

Tendría yo 5 o 6 años de edad y ya me fascinaban las “fotos mágicas” (así nos las llamaba mi papá) que eran tan sencillas de tomar, que en ocasiones me permitían uno que otro disparo. 

Jalar un papelito blanco, esa era la parte fácil. Luego vendría una ceja negra con -creo- que unas rayas amarillas. Eso era lo difícil. Requería mucha fuerza (para un niño de 6 años) y el cuento es que si no se tiraba de esta ceja de una sola vez, se corría el riesgo de atascar la foto a medio camino, los químicos se distribuirían mal y la foto se arruinaría.

Un minuto después, se retiraba el papelito que la cubría. Éste se desechaba junto con la zona de los químicos. Un cuadrado perfecto (así me parecía), no existía todavía la icónica zona blanca de las Polaroid automáticas. Cinco minutos más y la foto se había revelado -literalmente- ante los ojos de uno.

¡No ponerle los dedos encima! Las huellas digitales nunca se quitarían.

Al final, un detalle de mi papá: Utilizar el negro chasis de plástico y metal de la película, a modo de un singular marco para mi foto preferida.

En febrero de 2008, Polaroid anunció el fin de la fabricación de todas sus películas instantáneas. Sin exagerar, podemos decir que se trata del fin de una era.

La empresa ha logrado sobrevivir al advenimiento de la fotografía digital “haciendo la tarea” de una manera digna. Se ha adaptado bien a las nuevas tecnologías y hoy ofrece cámaras digitalesmarcos electrónicos, pantallas planas y su más reciente gadget: la impresora “instantánea” PoGo®.

Con PoGo®, Polaroid cierra finalmente el ciclo.

Entrega a los usuarios de -ahora- tecnología digital, el placer de obtener sus impresiones “de bolsillo” (2 x 3 pulg.), directamente desde su cámara digital o lo que es mejor, desde su teléfono a través de Bluetooth®. Ahora Polaroid puede sentirse tranquila y retirar sus películas instantáneas del mercado… ¿o no?

La respuesta la tendremos en relativamente poco tiempo. Para quienes han fotografiado en Polaroid existe una función primaria y básica que cubrir: el ser instantánea.

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La Cote d'azur. ©Xavier Tello

Esa es la característica que más atrajo a fotógrafos policíacos, ajustadores de seguros y a los fotógrafos profesionales que buscaban algún encuadre previo.

Polaroid logró mantener su hegemonía en la fotografía instantánea. Algún intento de Fuji por fabricar las películas. Muy modesto.

Kodak fue más agresivo. Fabricó una cámara. Entre 1986 y 1987, una corte estadounidense la obligó a sacar del mercado su cámara y a hacer un “recall” de las mismas reembolsando a los compradores “por las molestias”.

La foto instantánea ya existe en el ambiente digital. Ahora, la impresión también es instantánea. Aparentemente no se ha perdido nada.

Sin embargo, falta la magia. Esta nunca regresará.

Es la misma magia que condujo a generaciones enteras de aficionados y artistas a tomar instantáneas. Es la magia con la que Andy Warhol gustaba de capturar el encanto (y los genitales) de aquellos que visitaban “La Fabrica“, diría Michael Kimmelman en The New York Times.

Arte instantáneo. Imágenes para llevar. Una fascinación única…

Esa fascinación de ver algo “milagroso” realizarse en algo tan simple como una foto, se va junto con las películas de Polaroid.

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