El pasado abril de 2006, publicamos estos comentarios.
Debido a la relevancia y actualidad de éste tema, transcribimos los siguientes artículos en una sola página.
¿Hay un doble estándar en la reglamentación de venta y publicidad de medicamentos?
Last modified on 2008-03-31 04:33:57 GMT. 0 comments. Top.
El día de hoy (17 de abril) se publicó en el REFORMA, en la sección de NEGOCIOS un artículo de Sara Cantera intitulado: “Viven de venta de medicinas sin receta”.
El artículo, en el que tuvimos el gusto de colaborar, trata un tema muy delicado y del cual se ha discutido prácticamente nada desde que yo tengo memoria: La venta SIN RECETA de medicamentos que supuestamente deberían de venderse con ella.
No me refiero a la venta de psicotrópicos, los cuales tienen un seguimiento muy cercano y cuidadoso por parte de las autoridades; ni tampoco a los medicamentos llamados “de venta libre”, los cuales no requieren receta médica.
Me refiero a los medicamentos que se encuentran en la llamada FRACCIÓN IV de la Ley general de Salud los cuales deben decir en sus empaques: “SU VENTA REQUIERE RECETA MÉDICA”.
Antes de seguir, y para aclarar un poco el panorama a los no entendidos en legislación sanitaria, aclararé que –según la Ley General de Salud- los medicamentos se clasifican en seis fracciones:
La fracción I contempla los narcóticos los cuales requieren de un recetario especial foliado por la SSA. Los mayores médicos prescriptores de estos medicamentos son Anestesiólogos, Especialistas en Dolor (Algólogos), y Oncólogos.
Las fracciones II y III que contemplan medicamentos psicotrópicos (como los tranquilizantes y algunos somníferos) y para los cuales se EXIGE receta que es retenida en la farmacia tras una sola vez (frac. II) o tres veces (frac. III) de ser surtida. La farmacia lleva un control muy minucioso y es objeto de auditorias muy severas a sus libros por la SSA.
Las fracciones V y VI son medicamentos que NO requieren receta para ser vendidos al público. Huelga decir que su publicidad es masiva y los vemos en la TV u otros medios anunciados.
Es la fracción IV la más delicada en este sentido y es donde considero que las autoridades aplican un doble estándar como explico a continuación:
El problema:
En teoría, estos medicamentos solamente pueden ser vendidos si el paciente muestra una receta que lo soporte; sin embargo, es bien sabido que cualquiera de nosotros que padezca una enfermedad (como la hipertensión o el colesterol elevado) puede acudir a una farmacia y pedir que le surtan Aprovel® o Lipitor®, o lo que sea… los cuales nos venderán si pedir ésta.
Peor aún, alguna vez hemos sido testigos de madres que acuden a la farmacia con el niño enfermo y preguntan al dependiente (que NO es farmacéutico) por algún medicamento para tratarlo.
Esto genera un riesgo enorme. Además de propiciar resistencias de microbios a antibióticos incorrectos, se pone el peligro la vida de un niño al que una otitis se puede derivar en meningitis, por ejemplo.
De la misma forma es tradicional que un medicamento que funcionó una vez con uno de los hijos, sea “prescrito” por los padres (o las madres, o las comadres…) para el resto de los hijos si llegan a presentar los mismos síntomas.
Alguna vez conversé de manera personal con una autoridad de la extinta Dirección General de Insumos para la Salud (DIGESIS), hoy COFEPRIS y al cuestionarle esto me respondió sin más, que se conocía el problema pero no se haría nada para solucionarlo, ya que obligar a la gente a tener una receta era el equivalente a enviarla a consulta con un médico, “encareciendo” con ello la administración de salud en el país. Se entiende con ello que se APRUEBA tácitamente cierta cantidad de AUTOMEDICACIÓN entre la población.
La otra cara de la moneda:
La legislación sanitaria en materia de publicidad es muy clara. Los medicamentos de frac. IV NO pueden ser anunciados al público por que “generan y promueven la automedicación”.
En alguna parte la SSA ha considerado que el que los pacientes conozcamos los medicamentos y para lo que sirven es malo. Podríamos cometer el grave error de auto-prescribirnos y morir en el intento… Pues bien, eso es lo que sucede día a día con el fenómeno arriba descrito.
Creo que estamos claramente ante un doble estándar en lo que se refiere a legislación sanitaria y las medidas y reacciones que conlleva.
Por un lado, no nos está permitido conocer a través de la publicidad sobre los medicamentos. Honor solamente reservado para los Médicos (yo soy uno de ellos…); por otro lado, cualquier persona puede acudir a la farmacia y comprar el medicamento (de frac. IV) que quiera, cuando quiera y para lo que quiera.
En una próxima publicación ofreceré una alternativa de solución a esto.
Saludos a todos.
Pueden consultar una versión PDF del artículo de REFORMA (© REFORMA): AQUÍ
Dóble estándar en la venta y publicidad de medicamentos. SEGUNDA PARTE
Last modified on 2007-10-23 16:19:29 GMT. 1 comment. Top.
El pasado 17 de abril, tratábamos el tema del como se comercializan los medicamentos de fracción IV, que deben de ser surtidos con receta, sin solicitarse ésta en las farmacias.
Esta es la 2a,. parte, donde propongo soluciones.
Primero analicemos: ¿Qué ocurre en otros países?
Tanto en los Estados Unidos, como en Europa como en otros muchos países, no es posible comprar un medicamento equiparable a los de nuestra fracción IV sin una receta médica. Esto no quiere decir que una persona con Diabetes deba acudir cada quince días a consulta para obtener una receta (aunque sí, seguramente acudirá a revisiones periódicas mensuales o bimestrales…).
Lo que ocurre es que el médico precisa en la receta, el número exacto de tabletas, cápsulas o lo que fuere que el paciente necesitará. El Farmacéutico surtirá solamente el número de tabletas o cápsulas exactas. Si el médico necesita volver a ver al paciente en un lapso determinado, prescribirá SOLAMENTE el número de tabletas o cápsulas necesarias para este período de tiempo.
En otros casos, la farmacia ya cuenta en su computadora con los datos del paciente y del médico, y con ello se puede re-surtir algún medicamento cuando sea necesario en caso de “urgencia”, por ejemplo cuando el paciente pierde sus medicinas.
De la misma forma, el record de los pacientes y médicos son guardados por la farmacia; de éste modo, si un paciente quiere falsificar una receta para psicotrópicos, la farmacia sabe perfectamente cuantas tabletas se han surtido en un lapso de tiempo y alertaría al médico por medio de una llamada telefónica.
El FARMACÉUTICO juega un papel fundamental. En esos países, el farmacéutico es un profesional que ha cursado una carrera universitaria que le da la capacidad de manjar y surtir medicamentos, amén de administrar farmacias. El farmacéutico está capacitado para detectar errores en las prescripciones de los médicos (como interacciones con otros medicamentos que el paciente esté tomando), y avisar a tiempo al médico que emitió la receta.
En México no existe esa figura profesional; si bien existen QFBs (Químicos-Fármaco-Biólogos), estos profesionistas no están “diseñados” para prescribir, analizar recetas o recomendar alternativas ante posibles interacciones medicamentosas; es decir, no hay un profesional registrado ni reglamentado para hacerse cargo de una farmacia.
La persona que vemos es un empleado de mostrador con preparación mínima y que en muchas ocasiones está dando recomendaciones a pacientes o sus familiares, sin conocimiento. La Ley General de Salud pide exclusivamente que para la venta de ALGUNOS medicamentos, exista “un profesional RESPONSABLE” de la farmacia.
En el caso de la publicidad, muchos países (como los Estados Unidos) han optado por permitirla de forma masiva. Sus limitaciones incluyen colocar leyendas de aviso sobre efectos colaterales, y decir que “…pregunte a su médico sobre los beneficios de…”.
No hay posibilidad de que se fomente la automedicación por una razón simple: El paciente no podrá comprar esos medicamentos sin receta.
¿Cual es la solución?
Hablar de cambiar un modelo de trabajo y comenzar a producir (educar y graduar) Farmacéuticos en México es impráctico y prácticamente imposible.
Sin embargo, la primera acción está en manos de la SSA: Prohibir que los medicamentos se comercialicen en sitios que no sean registrados como farmacias. De este modo se termina con el “mercado negro”. Si alguien vende medicamentos (originales, falsos, robados, muestras médicas, etc.) sin ser una FARMACIA establecida y registrada: Va a la cárcel, punto.
Segundo. Aplicar lo que claramente dice la ley, y PROHIBIR que los medicamentos de frac. IV se vendan sin receta. Ahora bien, suena a verdad de Perogrullo, ya que la primera pregunta es: ¿Por qué nos se hace?.
No se hace por que “encarece” la salud al obligar a los pacientes a acudir al médico, lo que nos lleva al…
Tercer punto. Establecer una NORMA TÉCNICA para la emisión de recetas por parte de los médicos. Eso no es complicado y existe en todo el mundo desarrollado. El médico debe especificar el número exacto de tabletas (cajas) o botellitas de jarabe que el paciente necesitará para su tratamiento.
En el caso de un niño con otitis, seguramente serán diez días de antibiótico. Si no se ha aliviado o empeora, DEBE regresar a ver al médico.
Un adulto con hipertensión controlada, seguramente necesita comprar 90 días de medicamento, antes de regresar a su próxima consulta. Para evitar el enorme gasto, se puede recurrir al “sello” en la receta como [ya] se hace con los medicamentos de frac. III.
De este modo impediremos que a los niños se les administren antibióticos inadecuados; que las “comadres” receten al hijo de la vecina; que disminuya el “mercado negro”, y todos estarán dentro de la ley.
Con el mercado de medicamentos ya VERDADERAMENTE CONTROLADO, podemos pasar –entonces- a considerar la publicidad de medicamentos al público en general como lo hacen otros países. Insisto: no habría automedicación, si la ley impide la venta sin receta.
Es obvio que antes que nada se requiere un cambio de actitud así como de usos y costumbres.
Habría que preguntarnos si las autoridades están realmente interesadas en evitar la automedicación; si los médicos están dispuestos a adoptar nuevas costumbres; o si los pacientes aceptarán este nuevo trato.
Saludos.
Sobre anorexia, bulimia y la venta de diuréticos y laxantes con receta
Last modified on 2008-05-18 09:27:08 GMT. 0 comments. Top.
El pasado 25 de abril, Verónica Galán publicó en Expansión.com un artículo referente a la iniciativa presentada por el Senador Guillermo Tamborrel (PAN/QRO) para comercializar los diuréticos y laxantes solamente con receta como una medida para ayudar a prevenir la anorexia y la bulimia.

La medida, que pareciera lógica de primera vista, es una muestra típica del abordaje que se le da a muchos de los problemas en nuestro país: atacando la forma antes que el fondo.
El racional es simple: Si las pacientes con anorexia utilizan diuréticos y laxantes como una forma de disminuir peso, cortémosles el acceso a ellos haciendo obligatoria su dispensación con receta.
El problema más grande para poder reglamentar que éstos medicamentos sean vendidos sólo con receta… es que ¡ya están clasificados para su venta sólo con receta!
Efectivamente, prácticamente todos los diuréticos y varios de los laxantes, pertenecen a la fracción IV y sus marbetes dicen: “Su venta requiere receta médica”. Los laxantes que no la requiren, es por que su efecto fisiológico no es más poderoso que cualquier otro medio natural para laxar.
Si las pacientes tienen un acceso descontrolado a éstos medicamentos, es por una razón muy simple que ya hemos comentado varias veces: en México se viola la ley diariamente y los medicamentos de fracción IV se dispensan sin receta.
Una vez más, la solución no se encuentra en crear un reglamento sobre lo ya reglamentado, o darle un tratamiento especial a algunas personas o algunos productos; la solución se encuentra en tener orden y asegurarse que la ley se cumpla, punto.
En el momento que TODOS los medicamentos de este grupo (incluyendo diuréticos y laxantes) se vendan conforme a lo reglamentado, seguramente veremos menos intoxicaciones, envenenamientos, reacciones adversas, interacciones medicamentosas y resistencia a antibióticos. También veremos por cierto, menos chicas utilizando diuréticos y laxantes para bajar de peso.
El hacer cumplir la ley ya existente, nos ofrece una solución más amplia, que requiere menos trabajo de nuestros legisladores y menos costo a los contribuyentes.
Puede leer el artículo de Verónica Galán en Expansión.com AQUÍ
Influenza A(H1N1): ¿Por qué sólo han muerto Mexicanos? (Casi)
Last modified on 2009-10-15 15:15:11 GMT. 13 comments. Top.
NOTA: Al momento de escribirse este artículo, todos los fallecimientos reportados tenían su origen en México. Al 13 de mayo, sólo cuatro casos (dos en EEUU, uno en Canadá y uno en Costa Rica) parecen no provenir de este país.
México enfrenta una epidemia que ha originado la alerta sanitaria más grande de la historia y la primera en México. Al reportarse los casos probables y confirmados surge una pregunta: ¿Por qué sólo los pacientes mexicanos mueren?
Aunque se han propuesto varias hipótesis, basadas en la información epidemiológica disponible (y en proceso), creemos que existen evidencias prácticas de que los factores que propiciaron una mortalidad “exclusiva en mexicanos” se encuentran firmemente asentadas dentro del sistema de acceso a la salud de nuestro país.
Mayo, 2009
Desde el inicio de la actual contingencia sanitaria, muchas preguntas respecto a esta epidemia se han venido aclarando.

Foto: CDC
El tipo de virus y la cepa; el mecanismo de transmisión y el de no transmisión (carne de cerdo). Se ha confirmado que la actual vacuna existente para la influenza estacional no es efectiva para la cepa A(H1N1) y se ha confirmado también, que en algunos meses se puede tener una vacuna lista. Los medicamentos existentes: Tamiflu® y Relenza® son absolutamente efectivos como tratamiento.
Una pregunta permanece en el aire: Por qué, de los más de 1,000 casos comprobados en el mundo (hasta el momento) ¿sólo han muerto mexicanos?
Antes que nada, demos contexto.
Al realizar este análisis, es muy importante dejar claro los siguiente: La Secretaría de Salud de México, ha atendido esta epidemia con todo profesionalismo y a decir de la OMS, “como un libro de texto”.
Las unidades de salud y de alta especialidad realmente han hecho una labor de respuesta, como nunca se había visto. México cuenta actualmente con cuatro laboratorios diagnósticos de clase mundial para diagnóstico de virología.
A partir de declararse la contingencia en México y posteriormente la alerta por pandemia en el mundo, todas las instituciones de salud están atendiendo a todos lo pacientes que lo requieren, sin importar sin son afilados o no; proporcionando el tratamiento de manera gratuita.
México se encontraba entrenado y preparado para hacer frente a una contingencia similar o peor (gripe aviar).
Un punto adicional que hemos mencionado en otras ocasiones, es que en México, los niños y la población de riesgo reciben todas las vacunas de manera gratuita.
Si en algo ha fallado la Secretaría de Salud, ha sido en su estrategia de Relaciones Públicas, lo cual ha generado confusiones, suspicacias y molestias.
Aparentemente, no pudo existir mejor escenario para el surgimiento mundial de este nuevo virus… de no ser por los muertos.
Sólo mueren los mexicanos.

Dr. Córdova V.
Desde un principio fue claro que, a diferencia de los otros países donde se daban los brotes (y se confirmaban los casos), México era el único que reportaba fallecimientos.
En un principio, antes de realizarse las pruebas confirmatorias, se habló de más de 100 (dato muy interesante ya que hoy deja muertes restantes por “otras neumonías atípicas”); y el colmo surgió al reportar EEUU que su único fallecimiento era de un niño… mexicano.
¿Porqué [sólo] mexicanos?
La pregunta ha generado opiniones diversas:
- Alguna particularidad en la genética del virus, que lo hizo letal en un principio.
- El número de casos reales “leves” en México podría ser de miles y esta sería la letalidad normal si hubiera en realidad, tantos infectados. Se probará conforme avancen los diagnósticos.
- Algún factor propio de la alimentación o del genoma de los mexicanos.
Estas hipótesis, que provienen de autoridades epidemiológicas de la OMS, el CDC y México, no pasan por alto, pero tampoco enfrentan lo que el Secretario de Salud de México ha repetido en tres ocasiones:
Seguramente los pacientes “llegaron tarde”
Con el paso del tiempo, se ha venido repitiendo que “aún es pronto para hacer el análisis epidemiológico”, pero que seguramente [en el caso de las defunciones] “no hubo una atención temprana del problema”.

Dr. Julio Frenk (HSPH)
El Dr. Julio Frenk ex-Secretario de Salud y Dean de la Harvard School of Public Health; escribió en The New York Times, que seguramente deberíamos ligar este problema a la pobreza. Frenk menciona también, que se requerirá un trabajo “detectivesco” a nivel de epidemiología (caso por caso).
Por su parte, Donald G. McNeil Jr, corresponsal científico de The New York Times, se aventura a casi combinar las causas primeramente mencionadas, con lo dicho por Frenk.
No podemos saber a ciencia cierta sobre el índice de letalidad real del virus, si es que este número de muertes se diera en una población miles de casos leves. Como no se están realizando pruebas a estos pacientes, sencillamente nunca lo sabremos.
De la misma forma, el conocer el componente genómico “del mexicano” que hizo que solamente los primeros casos murieran, es casi imposible. Cabe señalar que algunos de los pacientes muertos por “neumonía atípica” quedarán sin tener un diagnóstico positivo o negativo para A(H1N1), ya que fueron cremados o sepultados antes de estar disponibles las pruebas; la exhumación no es útil, ya que la carga viral para estudios de Reacción a Cadena de Polimerasa (PCR), solamente dura 10 días como máximo.
Tenemos sin embargo, un componente que se ha repetido varias veces: Los Pacientes fueron atendidos tarde.
Para saber que hay detrás, necesitamos seguir la pista de este arribo tardío a la atención especializada.
Las ideas que proponemos a continuación, deberían ser investigadas en teoría, caso-por-caso; sin embargo, como veremos adelante, esta labor será muy difícil y en algunos casos imposible.
¿Cómo es que éstos pacientes llegaron tarde a recibir atención?
Ante todo, debemos de tener siempre e mente que estas 26 muertes confirmadas (al momento de escribir este artículo) se encuentran incluidas en más de 100 con diagnóstico de “neumonía atípica”. Es decir, más de 100 personas hubieran muerto por recibir tarde tratamiento especializado; entre ellas, los pacientes con infección por A(H1N1).
(En casos de muerte no probada por A(H1N1), el Secretario de Salud mismo ha dicho, que el diagnóstico no tenía siquiera que ver con una “neumonía atipica”).
Los factores que hicieron que los pacientes dilataran su arribo a una atención especializada, creemos que son comunes y frecuentes en nuestro sistema de salud.
Una colección de factores que diariamente ponen en riesgo a los pacientes y que originan -seguramente- una morbili-mortalidad y que dadas las circunstancias, hoy sale a relucir.
1.- Todo comienza con el Médico General.
La lógica nos hace pensar que estos pacientes al sentirse enfermos, acudieron a un Médico de primer contacto. En la mayoría de los casos este Médico debiera ser un Médico General; es decir un Médico que solamente tiene, como estudios formales, su carrera de Médicos Cirujano (o en algunos casos homeópata).
No podemos conocer de primera intención cuántos Médicos Generales hay en México. Se calcula que son entre de 150,000, y 200,000 (datos proporcionados por el Dr. Gustavo Hernández V., Director de Comunicación y Asuntos Científicos de la AMIIF) de los cuales “ejercen” (de alguna manera) tal vez 100,000.
Es aquí donde empiezan los problemas.
1.1 Médicos que no son Médicos.
Aunque la Dirección General de Profesiones revelara el dato, no es ningún secreto que existen, en las zonas periféricas de la Ciudad de México (ciudad con la mayor mortalidad) y en las zonas rurales; consultorios manejados por “Médicos” sin Título ni Cédula Profesional.
Evidentemente que ejercer sin cédula profesional es un delito; sin embargo, no existe un impedimento físico para hacerlo. Poner en funcionamiento un consultorio, no requiere de más que de una notificación a la Secretaría de Salud y los inspectores que llegaran a acudir (muy raro), realizarán una inspección sanitaria, no del status profesional de quienes ejercen allí.
Si nadie denuncia, el falso médico puede seguir practicando.
Si alguno de estos pacientes acudió de primera intención a alguno de estos sujetos, cualquier cosa pudo pasar.
¿Conocemos quiénes fueron los primeros médicos visitados por los pacientes fallecidos?
1.2 Médicos desinformados, desactualizados y sin obligación de estudiar.
Existe en México un problema muy grande con la Medicina. Los Médicos Generales no estudian ni se actualizan (en un gran número), tras haber terminado la escuela; a diferencia de los Especialistas, que requieren de recertificaciones para poder ejercer en muchos sitios.
Y si no lo hacen es por que no es obligatorio. La Secretaría de Salud no regula la obligatoriedad de la actualización, ni otorga una “licencia” para ejercer sujeta a acreditar exámenes cada determindo tiempo, ni cumplir con créditos.
(Lea nuestro artículo: En México los Médicos Ejercen sin licencia AQUÍ)
Comúnmente se ha dicho que los Médicos no sabían que esta era una influenza nueva y la trataron como una común. Yo no pienso así.
En nuestra opinión, dos semanas antes de declararse la epidemia, pocos… muy pocos Médicos Generales sabían qué era la influenza (de cualquier tipo) y menos, como tratarla.
Es muy simple, aún la influenza estacional, si se cuida bien se da el tratamiento adecuado y se vigilan las compilaciones, es curable.
Los pacientes que llegaron con estos Médicos, seguramente recibieron un tratamiento antigripal común y corriente; al no mejorar -si acaso- habrán cambiado de Médico. Para cuando presentaban neumonía ya era demasiado tarde.
1.3 Médicos de las Instituciones de Salud ¿negligentes?
¿Qué pasa normalmente cuando un paciente acude a una Unidad de Salud Institucional? Solamente debemos preguntárselo a los pacientes.
Aún en esta crisis hemos escuchado quejas de pacientes a los que no “se les hace caso” y se les manda a su casa con tratamiento sintomático únicamente, sin una valoración a fondo o una historia clínica completa.
Los esfuerzos por mejorar la Medicina Institucional han sido enormes, y debamos reconocer que los Médicos que allí ejercen sí cuentan con Educación y Actualización obligatorias.
Nada puede descartar sin embargo, que uno de estos pacientes hubiera sido atendido de manera negligente por un médico del Sector Salud.
2.- El enorme problema de la automedicación.

Source: epocartes®
Una de las primeras medidas que la Secretaría de Salud tomó al declararse esta contingencia, fue restringir la venta de Tamiflu® y Relenza®.
Con la presencia del Comisionado de COFEPRIS, se dispuso que estos medicamentos no fueran vendidos sin receta, para “evitar la automedicación”.
El problema es que estos medicamentos ¡debían haberse vendido siempre, sólo con receta!
Los antivirales pertenecen a los medicamentos de “Fracción IV” y su etiquetado (marbete) dice “Su venta requiere receta médica”.
¿Por qué entonces es necesaria esta medida?
2.1 La automedicación es permitida (y fomentada) por el gobierno.
El hecho de que en México los antibióticos, antivirales y muchos otros medicamentos se expendan sin receta, no obedece a un vacío legal. La ley es perfectamente clara en ese punto.
Sin embargo, desde hace muchos años, todas las farmacias expenden medicamentos de fracción IV con sólo pedirlos. Sin receta.
(Lea nuestros artículos: Sobre la reglamentación de la venta de medicamentos AQUÍ)
Los sistemas de registro para recetas sólo existen en las fracciones I, II y III, (ver artículo arriba) donde la Secretaría de Salud sí realiza auditorías.
El Gobierno, por omisión, fomenta la automedicación.
Es cierto que los antivirales y los antibióticos debieran estar sujetos a control, no sólo en el papel. Cada día los especialistas se enfrentan a nuevas resistencias bacterianas y virales producto de antibióticos y antivirales mal manejados o autoprescritos.
Como una complicación adicional, el Secretario de Salud ha decidido que Tamiflu® y Relenza® sean tratados como medicamentos de fracción II; es decir que la receta se retenga y se anote en un libro de registro en las farmacias.
Mientras eso sucede, el día de hoy miles de niños y adultos fueron y serán medicados con un antibiótico que ningún médico recetó, recomendado por la tía, el vecino o (peor) el empleado de la farmacia.
2.1.1 Una nota especial sobre las mujeres.
Según los datos proporcionados por el Dr. Córdova, la mayor cantidad de pacientes fallecidos comprobados son mujeres.
“Las mujeres se encuentran aún rezagadas en la atención de su salud; hay inequidad”. Esta afirmación del Dr. Córdova es muy es muy cierta; de hecho en México se ha dicho varias veces que las mujeres -sobre todo las amas de casa y madres de familia- no tienen derecho a enfermarse.
Lamentablemente se encuentran cuidando a la familia y trabajando. No tienen tiempo para ir al médico. No sorprende entonces, que estas mujeres se hubieran automedicado en vez de acudir a un servicio de salud.
Ahora lo más difícil: Investigar.
Si atendemos cuidadosamente los puntos enumerados arriba, seguramente que daremos con los factores que produjeron la mortalidad en estos (hasta ahora) 26 pacientes confirmados.
El trabajo “detectivesco” sin embargo será muy complicado por razones, tristemente muy simples.
a) ¿Hay expedientes de primer contacto? En el hipotético caso de que lográramos llegar con el primer médico que atendió a estos pacientes, ¿éste tendría un expediente?
Aunque por ley el expediente clinico debe de existir en todos los tipos de medicina, muchos Médicos de los descritos arriba (privados e institucionales) no lo llevan. Una vez más, no hay una autoridad que periódicamente audite y sancione esto.
b) No se reportan las infecciones. En la medicina Institucional existe un formato de reporte de infecciones obligatorio, que es tabulado y acumulado por cada Unidad Médica y reportado a la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud.
En la Medicina Privada no sucede así. Los Médicos Generales no reportan normalmente las enfermedades transmisibles, excepto cuando son causa de defunción, que ese médico hubiera certificado.
La falta de obligatoriedad en el registro, combinado con la ignorancia que mencionamos arriba, hace que las infecciones como la influenza, sencillamente no existan en el ámbito estadístico de estos Médicos.
Los epidemiólogos deberán interrogar a los familiares sobre:
- Qué médico los atendió en un inicio (si es que vieron uno).
- Qué medicamentos les fueron prescritos y si es que siguieron esta prescripción.
- En caso de haberse automedicado, qué medicamentos compraron y en qué farmacias los compraron
No será un trabajo fácil.
¿Qué pasó en otros países?
Independientemente del orden real de las infecciones y sus manifestaciones, los siguientes casos confirmados se dieron en los EEUU y Canadá.
Contrariamente a lo que se piensa, el haber contado con la técnica de laboratorio para detectar el A(H1N1) no es lo que les ha dado (hasta el momento) una tasa de mortalidad de CERO (si tomamos en cuenta que el niño fallecido en Texas era mexicano y venía enfermo desde México).
Lo que ha mantenido la mortalidad en ese nivel es:
a) Contar con Médicos de primer contacto actualizados, que conocen una influenza (aunque sea estacional) y que pueden perder su licencia si el diagnóstico no se hace bien.
b) La imposibilidad de comprar antibióticos o antivirales sin receta.
c) Un sistema de reporte obligatorio de infecciones (so pena de perder la licencia)
Cuando estos pacientes no respondieron al tratamiento y se les analizó, se efectuaron los reportes en esos países y el resto es historia.
Resúmen.
Se asume que los 26 pacientes (hasta el momento) confirmados como fallecidos por el A(H1NI) llegaron tarde a una atención más especializada que pudo salvarles la vida ante un cuadro de insuficiencia respiratoria producido por una neumonía que seguramente se complicó.
- Estos pacientes debieron haber acudido a un Médico de Primer Contacto.
- Algunos de ellos pudieron haber acudido a un Médico sin entrenamiento suficiente para el diagnóstico.
- Algunos de estos pacientes pudieron haber acudido a un médico entrenado, pero con una conducta negligente.
- Algunos de estos pacientes pudieron haberse automedicado. Los antibióticos y antivirales pertenecen a los de fracción IV que, aunque la ley dice que requieren receta médica, en la práctica esto no sucede.
- Muchos Médicos Generales no llevan expedientes clínicos.
- En la práctica, no existe un sistema de reporte de infecciones en la Medicina General Privada.
El llegar a una conclusión epidemiológica definitiva, con relevancia estadística; puede llevar mucho tiempo y seguramente que será difícil.
El corregir estas deficiencias que ya existen, puede YA salvar las vidas de pacientes de este y próximos padecimientos.
Conclusiones ¿Qué medidas debemos tomar?
Si algo se debe aprender de esto es que la Medicina de Primer Nivel debe de tomarse en serio.
Más allá de política, políticas y coberturas numéricas. La Medicina es una ciencia que requiere procesos fundamentados y procedimientos estandarizados de atención.
Es casi seguro que no habrá más defunciones. Hoy en día todos están en alerta. Los pacientes más.
Es una excelente oportunidad para poner en marcha las siguientes acciones:
1.- Un sistema de recertificación médica obligatoria, periódica (¿5 años?) que conjunte exámenes teóricos, prácticos y créditos por cursos tomados.
2.- Un marco legal que impida que un consultorio funcione:
- Si no existen registros de las Cédulas Profesionales y Recertificaciones de los Médicos que allí ejercen.
- Si no cuenta con un sistema formal de expedientes clínicos.
- Si no cuenta con un sistema de notificación inmediata -en tiempo real- de enfermedades transmisibles.
3.- Una restricción formal a la venta de medicamentos de Fracción IV sin receta, a la inversa de como ocurre actualmente.
Una nota final.
La intensión de este artículo no ha sido el presentar un panorama alarmista sobre la Atención Primaria.
Consideramos y reconocemos además (como lo hemos hecho en otros artículos) que el Gobierno de México ha actuado de manera profesional, expedita y responsable al atender a esta epidemia.
Pensamos sin embargo, que algunas (o todas) estas muertes se pudieron haber evitado si alguna de las causas arriba mencionadas no formara parte del devenir actual de la Medicina en México.
ACTUALIZACIÓN:
Lea sobre las palabras del Dr. Samuel Ponce de León, Director General de Birmex sobre las deficiencias en la atención primaria de la salud como causa de la mortalidad AQUÍ.
Venta Ilegal de Medicamentos sin Receta. Comienza a hablarse del problema.
Last modified on 2009-06-05 13:54:05 GMT. 2 comments. Top.
El pasado 4 de mayo, publicamos AQUÍ una nota cuestionándonos la causa de la mortalidad (entonces casi exclusiva de mexicanos) debido a la influenza A(H1N1).
Una de las causas que nombramos (siendo de los primeros en hacerlo) era la automedicación producto de una venta libertina de medicamentos de Fracción IV sin receta.
Este problema, que venimos mencionado desde hace dos años AQUÍ, has sido pasado por alto por las autoridades de COFEPRIS (seguramente de forma deliberada), finalmente sale a la luz gracias a dos trabajos periodísticos.
Leo Zuckerman: Influenza y burocracia.
El Analista Político Leo Zuckerman, publica este 1º de Junio en NEXOS un trabajo de corte periodístico intitulado: Influenza y Burocracia.
A través de tres historias, Zuckerman nos narra cómo es que las decisiones (buenas) que se tomaron durante la pasada epideima de influenza, estuvieron basados en mala información, producto de varias carencias culturales, tecnológicas y de reglamentación.
Entre las “sorpresas” que Leo Zuckerman se encuentra, es la de la enorme facilidad para la automedicación, derivada de una reglamentación para la venta de medicamentos Fracción IV que existe sí, pero sencillamente no se cumple.
Lea el interesante análisis de Leo Zuckerman en NEXOS, haciendo clic en el banner ABAJO:
Carlos Puig pone en aprietos al Presidente de ANAFARMEX.
Carlos Puig parece ser el único periodista que sigue el rastro a este problema; y desde hace unos días le da seguimiento a través de su equipo.
El día de hoy, entrevistó en su noticioso en la mañana a Antonio Pascual Feria, presidente de ANAFARMEX.
Puig no dudó en ser muy claro y vehemente en una sola pregunta: ¿Por qué se venden medicamentos sin receta, cuando el marbete dice : “Su venta requiere receta médica”?
Más allá de reconocer que el problema existe, Pascual sencillamente no logró explicar el por qué del comportamiento ilegal. En su lugar, inició un curioso argumento en torno a un nuevo programa de capacitación (que ya lleva 3 años…) para contar con “técnicos capacitados” para dispensar recetas.
Pascual Feria no pudo sencillamente decir, que los empleados podrían vender mañana mismo respetando la ley, con tan sólo pedir a cambio una receta; en su lugar, se traba y se confunde tratando de vender su “novedoso” programa.
Las causas de esta conducta son simples:
- A las farmacias no les conviene solicitar las recetas: venderían menos.
- A COFEPRIS no le interesa vigilarlo.
Escuche la entrevista de Carlos Puig a Antonio Pascual Feria, ABAJO:











HOLA ENTES QUE NADA RECIBE UN CORDIAL SALUO Y DE ANTE MANO PEDIRTE INFORMACION DE MEDICAMENTOS SPICOTROPICOS DE ANTE MANO ESPERO RESPUESTA